Hace poco leí esta frase:
Algunas personas no te son leales. Son leales a su necesidad de ti. Una vez que sus necesidades cambien, también lo hará su lealtad”
Justo en ese momento leí lo que había querido expresar en cuanto a las amistades que he tenido en la vida, o más bien, las personas que me han rodeado.
Sabemos que las verdaderas amistades son las que están en tu vida sin juzgarte porque te aceptan tal y como eres. Te escuchan, te apoyan, te regañan, te aconsejan, lloran contigo, están en las buenas, en las malas y en las peores. No existe la envidia ni los rencores. Una verdadera amistad supera las barreras del idioma, la distancia y el tiempo. Todos hemos vivido la deslealtad en personas que llegamos a considerar como buenas amistades. Aquellos que nos necesitaron y que apoyamos por nuestra lealtad. Aquellos que una vez logrado el cometido, se alejaron y no volvimos a saber de ellos. Que triste ¿no crees? Seguramente tu que me lees también haz pasado por esto.
Por eso, mis verdaderos amigos son contados y soy feliz contando con ellos en mi vida. Además saben que es recíproco.
Ustedes saben quien son.


